jueves, 2 de noviembre de 2023

Leyendas para no dormir......

 Latinoamericanista Eleazar E. García Lira.

Si bien es cierto que estas fechas las dedicamos a honrar a nuestros queridos difuntos por medio del recuerdo, también es cierto que estos días por su misticismo y la cercanía que generan entre la frontera de los vivos y los muertos, hacen que recordemos esas historias cargadas de miedo, las cuales han sido transmitidas de generación en generación por los habitantes de nuestras comunidades.

He aquí algunas leyendas de nuestros municipios:

Cuautitlán Izcalli

Los Arcos de Tepojaco:

Se dice que cuando se construyó esta sección de los treinta y dos Arcos de Escontria durante la época colonial, muchos trabajadores perdieron la vida a causa de diversos accidentes. Como el tiempo apremiaba, sus cadáveres fueron sepultados en las bases de algunos de estos arcos. Las personas que habitan cerca de este lugar cuentan que en algunas ocasiones por la noche, se puede escuchar claramente como las ánimas de estas personas fallecidas, trabajan para seguir construyendo los arcos.

Lago de Guadalupe

Hay varias historias que giran alrededor de este emblemático lugar, la que más llama la atención, es aquella que cuenta que en el lugar que hoy ocupa el lago existía una hacienda que llevaba el mismo nombre, junto con una iglesia que tenía campanas de oro. Se dice que estos inmuebles fueron inundados y ahora permanecen bajo el agua. La gente que habita cerca del lago cuenta que cuando caen fuertes aguaceros, si escuchas con atención puedes escuchar el repique de las campanas de la iglesia.

Ante tal situación, han sido varios los buscadores de fortunas que se han lanzado en búsqueda de las riquezas de esta hacienda, los cuales, la mayor de las veces han perecido ahogados. Respecto a la iglesia inundada, un velador que resguardaba el lago, relataba que todos los doce de diciembre exactamente a la media noche escuchaba música y ruidos de fiesta, sin embargo, cuando buscaba el origen del ruido no encontraba nada. En una ocasión al vigilante se le ocurrió mirar hacia el centro del lago mientras escuchaba la algarabía, asegurando que de ese punto surgieron rayos de luz, del mismo lugar en donde supuestamente se encuentra la iglesia inundada.

Lamentablemente mucha gente ha muerto ahogada dentro de este lago, por ello cuando una persona muere y no hallan su cuerpo, la gente aledaña al lugar pone en la noche veladoras en unos platitos que sueltan desde la orilla. Las veladoras flotan por todo el lago, y cuando algunas de estas se detienen en algún punto determinado y permanecen ahí dando vueltas, es señal que en el fondo se encuentra el cadáver. Señal esperada por los rescatistas para bajar al fondo y rescatar el cuerpo.

Las brujas de Tultitlán

Se dice que hace mucho tiempo cuando este municipio contaba con muy pocos habitantes la mayoría de sus terrenos estaban destinados al cultivo, esto gracias a que el lugar se caracteriza por la abundancia de agua. La gente mayor relata cómo sus padres les contaban que por las noches salían las brujas, las cuales gustaban habitar ahí por la misma abundancia de agua del lugar. Incluso los ancianos refieren, que a estos seres les encantaba cuando llovía ya que salían a bailar y a brincar bajo la lluvia.

Los habitantes temían a las brujas porque por las noches, estas se metían en las casas para robar a los bebés con la intención de chuparles la mollera, encontrando a varios niños muertos en los terrenos de siembra. De igual forma, la gente del lugar relata que por las noches escuchaban carcajadas de mujer y cuando la gente salía a asomarse para ver lo que sucedía, se encontraban con esferas de lumbre que iban de un lado a otro. La gente se defendía de estas esferas disparando los señores con sus escopetas en contra de ellas, pero las brujas más se burlaban al esquivar los ataques. En algunas ocasiones estas brujas se llevaban a quienes las enfrentaban a los cerros para darles una lección, volviendo estos señores muy temerosos a resguardarse en sus hogares.

Se dice que estas brujas eran mujeres con pies de guajolote, los cuales se quitaban y los ponían en lumbre para poder convertirse en esas bolas de fuego. Con la llegada de la modernidad y el aumento de la población en el municipio, estos seres fueron desapareciendo paulatinamente, dejando tras ellas una leyenda que caracteriza al municipio, tanto que los pobladores de los pueblos vecinos aún llaman a los habitantes de Tultitlán “Brujos”.

Las costillas del Diablo en Tepotzotlán

En Tepotzotlán podemos encontrar un sinnúmero de leyendas que van desde la Llorona, pasando por nahuales y brujas, pero hay una que destaca por su sencillez y es precisamente la de “Las costillas del diablo”.

Cuenta la leyenda que el mismísimo diablo, vino a este municipio a buscar una roca para su casa, encontró una muy grande que le pareció perfecta. Después que la había atado con mecates trató de arrancarla del suelo volcánico donde estaba, pero sus intentos fueron fallidos porque no logró ni siquiera moverla ya que ésta se encontraba pegada al suelo. Fue tanto su esfuerzo por moverla que en ella dejó marcadas sus costillas, como el amanecer se aproximaba tuvo que abandonar su empresa, dejando la roca ahí.

En relación con esta leyenda, en este municipio se cuenta que en los cerros cercanos, las brujas se reúnen para bailar con el diablo, para después salir en busca de niñas o niños pequeños a robar su sangre, especialmente aquellos que no están bautizados.



Los nueve niveles y los trece cielos.

 Historiador Rubén García Lira.

El día de muertos en nuestro país, es una celebración única en el mundo, no solo por los colores, las ofrendas, las calaveritas y todo lo real maravilloso que encierra esta tradición. Sino que lo excepcional del primero y dos de noviembre, radica en el hecho de que nuestros seres queridos regresan a nosotros, convertidos en dioses para vivir una vez más en el plano terrenal.

La concepción de la muerte en los mexicanos es única en el mundo, ya que a pesar del temor y el dolor que está nos produce, sabemos desde tiempos ancestrales que nuestros difuntos jamás nos abandonan, tampoco se alejan de nosotros, en realidad cada año vienen a visitarnos, a platicar con nosotros, a pasar una noche con su familia, amigos y todas aquellas personas que guardan en su memoria el recuerdo de la persona que se fue a otros planos, a otros universo a otros mundos, habitados por seres maravillosos y místicos, los cuales reconocen como sus señores al dios Tonatiuh dios del sol, a Tláloc el dios de la lluvia y por supuesto a Mictlantecuhtli dios del inframundo.

De esta forma en las culturas prehispánicas la concepción de la muerte no significa el fin, si no que esta era parte de un prolongación de la vida, una transformación la cual era un paso natural que todos los seres humanos debíamos dar, ya que al venir de la madre tierra en algún momento de nuestra existencia teníamos que regresar a ella. Por ende el cuerpo material era depositado en el interior de ella para comenzar su viaje por el inframundo. el cual se encontraba dividido en nueve subniveles que el difunto tenía que pasar para poder convertirse en colibrí y regresar a donde sus seres queridos para decirles que se encuentran bien.

Los nueve niveles del Mictlán:

Primer nivel Itzcuintlán Lugar donde habita el perro: En este nivel se encontraba el río Apanohuacalhuia el cual representaba la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos, que el difunto solo podía atravesarlo con la ayuda del perro xoloitzcuintle. Con su fuerza este perro guiaba el alma de las personas, aferradas a un hilo de algodón atado alrededor del cuello del perro y sin su ayuda el alma de los muertos estaba condenada a vagar sin rumbo por toda la eternidad en las aguas del río. De esta forma el trato de las personas en vida hacia los perros sería retribuido por ellos al cruzar en su muerte el Apanohuacalhuia.

Segundo nivel Tepeme Monamictlán Lugar en que se juntan las montañas: Tepeyollotl: El dios de la montaña y de los ecos, reinaba en este nivel que se encontraba en medio de dos montañas en movimiento, las cuales se abrían y chocaban entre sí, por lo que el alma de los difuntos tenían que encontrar el momento perfecto para cruzar, de lo contrario su alma sería triturada hasta la eternidad.

Tercer nivel Iztépetl La montaña de la obsidiana: En este nivel los difuntos tenían que caminar por un sendero rodeado de navajas de obsidiana que desgarraba su cuerpo y alma para que se despojaran de sus pertenencias terrenales.

Cuarto nivel Cehueloyan Lugar donde hay mucha nieve: El cuarto nivel era un páramo congelado donde caía nieve eternamente y era habitado por el dios Mictlampéhecatl, quien se encargaba de llevar el invierno del Mictlán hasta la tierra.

Quinto nivel Pancue-Tlacayolan Lugar donde se flota como bandera: El alma del difunto continuaba su paso en un llano desértico en donde los vientos cortaban como navajas y, como si no existiese la gravedad, los difuntos eran lanzados de un lado a otro como banderas.

Sexto nivel Timiminaloayan Lugar donde la gente es flechada: El paso de esta región era sanguinario y muy difícil, ya que las almas eran flechadas por aquellas flechas de obsidiana pérdidas en batalla. De igual manera en este nivel se encontraba el río Xochitonal, habitado por una iguana gigante que se encargaba de vigilar el paso de los difuntos. En los mitos mexicas se menciona que fue precisamente aquí, donde se libró la batalla entre Quetzalcoatl el dios de la sabiduría y Mictlantecutli el señor del inframundo. Quetzalcoatl tras la creación del quinto sol bajo el inframundo para recuperar los restos de los gigantes que antes habitaron la tierra. Sin embargo el señor del Mictlán trató de impedirlo persiguiendo a Quetzalcoatl por todo el inframundo. Resultado de esta batalla surgió el ser humano.

Séptimo nivel Teyollo-Cualoyan Lugar donde te comen el corazón: Este nivel era la otra morada de Tepeyollotl, el dios jaguar y se encontraba repleto de jaguares, los cuales sacaban y se comían el corazón de difunto.

Octavo nivel Hapano Hualoyan Lugar donde se cruza el agua: Aquí desemboca el río Apanohuacalhuia, donde los difuntos yacen sin corazón tenían que atravesar nuevamente el río para terminar de descarnar su alma y liberarla del cuerpo completo.

Noveno nivel Chicunamictlan Lugar donde hay nueve aguas: El noveno y último nivel era un lugar donde la neblina lo cubría todo, por lo que las almas de los difuntos no podían ver a su alrededor. En este momento el cansancio era tal a reflexionar sobre las experiencias del trayecto hacia su muerte. Meditaban sobre sus decisiones en vida y como estás los conectaban con los sucesos vividos. De esta forma dejaban de padecer por este largo recorrido y entraban al Mictlán, donde eran recibidos por Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl, señor y señora de la muerte.

Los trece cielos:

Hay un proverbio que reza, que todo lo que “es abajo es arriba”, para la cultura mexica, esto también aplicaba, ya que si bien existían los nueve niveles del inframundo, también el cielo se encontraba dividido en trece niveles. En los cuales habitaban diferentes deidades y su morada era destino para algunas personas que fallecieron en diferentes circunstancias o los señores de estos cielos elegían aquellos que debían vivir la eternidad en su reino.

Primer cielo Ilhuicatl Meztli donde se mueve el agua: Era el cielo inmediato sobre la tierra, aquí se encontraba el camino por el cual se movía Meztli (la Luna) y en el cual las nubes se sostenían. Este lugar era habitado por Tláloc y Chalchiuhtlicue el señor y la señora de las lluvias, ríos, lagunas y mares. Todos aquellos que morían ahogados, les caía un rayo, por al enfermedad de la gota y los niños sacrificados en honor a las deidades del agua, subían a este plano para convertirse en tlaloques cuya función era ayudar a los dioses de la lluvia creando los rayos, truenos, tocando los tambores y danzando para avisar que llegaban las lluvias tan esperadas. En este primer nivel también habitaba Ehecatl el dios de todos los vientos y Tlazolteotl el dios de la inmundicia.

Segundo cielo Cintlalco donde se mueven las estrellas: En esta región las estrellas corren divididas en dos ejércitos enfrentados en una batalla eterna, Centzon Mimixcoa las cuatrocientas del norte y las Centzon Huitzinahua las cuatrocientas del sur.

Tercer cielo Ilhuicatl Tonatiuh donde se mueve sol: Aquí se desplazaba Tonatiuh, el sol. Desde el Tonatihuacan hasta el inframundo. Al dios Tonatiuh lo acompañaban las almas de los guerreros muertos en batalla y el alma de las mujeres que fallecieron durante el parto. En las noches se enfrentaban al interior del inframundo contra Mictlantecuhtli el dios de la muerte y si era derrotado, de nuevo emergía Tonatiuh en las mañanas.

Cuarto cielo: Ilhuicatl Huitztlan el cielo de la estrella grande: Era el camino celeste por donde se movía Citlapol o Hey Citlallin (Venus), la “Estrella grande, la mayor y la más brillante”. De igual manera en este cielo vivían: Tlahuizcalpantecuhtli: Dios de la mañana o de la luz, señor del alba, advocación de Quetzalcóatl, asociado con Venus como estrella matutina. Huixtocíhuatl ó Uixtociuatl, diosa de la sal.

Quinto cielo: Ilhuicatl Mamoloaco Cielo que se hunde: Lugar de los cometas, estrellas errantes. Citallin-popoca, “Estrellas que humean” Citlalmina, cuando tienen cola. Xihuitl, cuando tienen cabellera.

Sexto cielo: Yayauhco espacio verdinegro: Donde nace y se extiende la noche. Aquí ejerce sus poderes Tezcatlipoca Yohualli, el enemigo.

Séptimo cielo: Ilhuicatl Xoxouhqui cielo azul: El que muestra su rostro en el día. Ámbito de Huitzilipochtli, el colibrí azul a la izquierda.

Octavo Cielo: Iztlacoliuhqui donde crujen los cuchillos de obsidiana: Lugar de las tempestades. Aquí aparece Tláloc pero dominado por la deidad Iztlacoliuhqui, “Cuchillo Torcido“, Dios del frío, variante de Tezcatlipoca.

Noveno cielo Iztlan región del blanco.

Este lugar se encontraba en el Oeste y era habitado por el dios Quetzalcoatl, el cual representaba para los mexicas, nacimiento y decadencia, el misterio del origén y el fin, antiguedad y enfermedad así como la sabiduria, el arte y la ciencia

Décimo cielo Cozauhquitlan región del amarillo.

Aquí habitaba el señor del sol celeste, el cual se encontraba redeado de rayos dorados, esta zona representaba el oro y el dios del maiz amarillo Cozauhcacinteotl.

Onceavo cielo Yayauhtlan región del rojo: Aquí el sol muestra su rostro rojo, a la hora del crepúsculo.

Doceavo cielo Teteocan donde moran los dioses: Espacio divino, donde las deidades permanecen y se proyectan para ser en otras partes. Es el lugar donde los dioses toman rostros y se enmascaran para ser otros además de seguir siendo ellos mismos.

Treceavo cielo lhuícatl-Omeyocán lugar de la dualidad: Donde mora el señor de la Dualidad, Ometeotl. Se concibe el principio generador de todo lo existente. El dios principal se engendra a sí mismo. Ometeotl, en su dualidad femenina-masculina, es la pareja creadora: Ometecuhtli y Omecihuatl, señor y señora de la dualidad en ella se originaron todos los dioses y el universo , Tonacatecuhtli y Tonacacihuatl, “señor y señora de nuestra carne”. Partiendo de estos nombres, algunas versiones consideran que el Omeyocan es al mismo tiempo el Tamoanchan “lugar de nuestro origen”, en el que se encuentra el árbol con senos, nodriza que amamantaba a los seres antes de nacer. Es en Tamoanchan donde se engendraban las almas de los hombres. En algunas tradiciones, es en este cielo donde también mora Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli, dios viejo y del fuego, el elemento generador de la vida.











Festejos del 1 y 2 de noviembre ¿Coincidencia prehispánico-católica? o ¿Determinación religiosa?

Historiador Julio Alcaraz García.

Mucha gente se encuentra en el entendido que hay una coincidencia entre las fiestas de los santos difuntos católicos con las fiestas que hacían nuestros ancestros prehispánicos que quizá, no hayan sido del todo concurrentes. Las diversas interpretaciones manifestadas por familiares, vecinos, o amigos en común son las que más albergan esta forma de tradición dentro de nuestro entorno social. Las mismas redes sociales contribuyen arengadas quizá, por muchos de los mismos seguidores del entorno social, citado arriba, en citar una explicación ya expuesta dentro de su medio mismo, lo cual provoca que los comentarios al tema tengan coincidencia. Las fuentes con tradición indígena explican algunas de las fiestas de nuestros ancestros, mismas que se vincularon con el principio e idea católica traída de Europa.

Hay que tomar en cuenta que después de haber tenido un encuentro, choque cultural y extrapolación de ideas entre dos mundos desconocidos, ambas se fueron fusionando hasta llegar a la imposición de una tradición católica como es el festejo de día de muertos y que hasta hoy, es vista como una práctica mexicana por la honra hacia los santos difuntos. Tan trascendental se ha generado esta tradición que fue reconocida en el año 2008 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO por sus siglas, como patrimonio cultural inmaterial, vinculando las fechas al “final del ciclo anual del maíz…cultivo predominante del país”. Ahora bien, qué tan cierto es la coincidencia de fechas calendáricas para que nosotros festejemos estos días al acostumbrado día de muertos. Desde el punto de vista católico, los inicios de la fecha conmemorativa de “todos los santos” es en el año 609. Para el año 835 el papa Gregorio IV consagra como “forma universal” el primero de noviembre día oficial de “todos los santos”.

Entre los años 1049 y 1054 el papa León IX, aprueba el día dos de noviembre para el festejo a los difuntos. Ahora bien, en un principio los “santos difuntos” eran festejados solo para aquellos que habían sido santificados; y claro, con el tiempo se fue haciendo el cortejo para cada fallecido del común. Ahora bien, los primeros frailes llegados a la Nueva España, ¿qué fiestas pudieron hacer coincidir, para dejar impuestas las fechas 1 y 2 de noviembre cómo tradición? Algunas propuestas que señala Patrick Johansson son algunas fiestas indígenas que pudieron propiciar el sincretismo religioso y con ello facilitar la conversión. La fiesta que los ancestros mexicanos llamaban miccahuiltl, en ella como manifiesta el dominico Diego Durán ofrendaba “comida y vino de la tierra que era cosa de admiración”. La fiesta del miccailhutontli fue por algunos considerada como la fiesta de los niños difuntos. Se cita en el códice Magliabechiano: “esta fiesta se llama micha ilhuitl que quiere decir fiesta de muertos porque en ella se celebraba la fiesta de los niños muertos”. Otras fuentes manifestaban preparar tamales rellenos con carne de guajolote o de cachorros de perro. Estas fiestas prehispánicas citadas, no se daban exactamente ni el día primero ni el día dos de noviembre, tomando en cuenta que los calendarios mexicas xiuhpohualli o cuenta de los años constaba de 18 meses de 20 días cada uno; y el tonalpohualli formado por veinte trecenas que daban 260 días.

Se puede decir que el determinismo religioso como principio de sincretismo o armonización, es decir de hacer valer la tradición hispana en los nativos de México fue primordial dentro del proyecto de evangelización y educación religiosa en nuestros ancestros. Por parte de los evangelizadores, no fue tanto hacer coincidir fechas calendáricas, sino relacionar las actividades que festejaban los naturales con sus diversas tradiciones y con ello establecer un orden en las actividades que fueron programando. Lo demás, con el paso del tiempo, es la continuidad de una festividad que tuvo transformaciones diversas, pero que se siguen festejando en los días señalados.

 

Santiago Tepalcapa, Cuautitlán Izcalli, celebración del día de muertos

Aguamiel: la bebida de corazón prehispánico

Por: Irais González Guadarrama Lic. En Historia Según diversos estudios arqueológicos, se cree que el origen de la bebida data del año 200 a...