Mucha gente se encuentra en el entendido que hay una coincidencia entre las fiestas de los santos difuntos católicos con las fiestas que hacían nuestros ancestros prehispánicos que quizá, no hayan sido del todo concurrentes. Las diversas interpretaciones manifestadas por familiares, vecinos, o amigos en común son las que más albergan esta forma de tradición dentro de nuestro entorno social. Las mismas redes sociales contribuyen arengadas quizá, por muchos de los mismos seguidores del entorno social, citado arriba, en citar una explicación ya expuesta dentro de su medio mismo, lo cual provoca que los comentarios al tema tengan coincidencia. Las fuentes con tradición indígena explican algunas de las fiestas de nuestros ancestros, mismas que se vincularon con el principio e idea católica traída de Europa.
Hay que tomar en cuenta que después de haber tenido un encuentro, choque cultural y extrapolación de ideas entre dos mundos desconocidos, ambas se fueron fusionando hasta llegar a la imposición de una tradición católica como es el festejo de día de muertos y que hasta hoy, es vista como una práctica mexicana por la honra hacia los santos difuntos. Tan trascendental se ha generado esta tradición que fue reconocida en el año 2008 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO por sus siglas, como patrimonio cultural inmaterial, vinculando las fechas al “final del ciclo anual del maíz…cultivo predominante del país”. Ahora bien, qué tan cierto es la coincidencia de fechas calendáricas para que nosotros festejemos estos días al acostumbrado día de muertos. Desde el punto de vista católico, los inicios de la fecha conmemorativa de “todos los santos” es en el año 609. Para el año 835 el papa Gregorio IV consagra como “forma universal” el primero de noviembre día oficial de “todos los santos”.
Entre los años 1049 y 1054 el papa León IX, aprueba el día dos de noviembre para el festejo a los difuntos. Ahora bien, en un principio los “santos difuntos” eran festejados solo para aquellos que habían sido santificados; y claro, con el tiempo se fue haciendo el cortejo para cada fallecido del común. Ahora bien, los primeros frailes llegados a la Nueva España, ¿qué fiestas pudieron hacer coincidir, para dejar impuestas las fechas 1 y 2 de noviembre cómo tradición? Algunas propuestas que señala Patrick Johansson son algunas fiestas indígenas que pudieron propiciar el sincretismo religioso y con ello facilitar la conversión. La fiesta que los ancestros mexicanos llamaban miccahuiltl, en ella como manifiesta el dominico Diego Durán ofrendaba “comida y vino de la tierra que era cosa de admiración”. La fiesta del miccailhutontli fue por algunos considerada como la fiesta de los niños difuntos. Se cita en el códice Magliabechiano: “esta fiesta se llama micha ilhuitl que quiere decir fiesta de muertos porque en ella se celebraba la fiesta de los niños muertos”. Otras fuentes manifestaban preparar tamales rellenos con carne de guajolote o de cachorros de perro. Estas fiestas prehispánicas citadas, no se daban exactamente ni el día primero ni el día dos de noviembre, tomando en cuenta que los calendarios mexicas xiuhpohualli o cuenta de los años constaba de 18 meses de 20 días cada uno; y el tonalpohualli formado por veinte trecenas que daban 260 días.
Se puede decir que el determinismo religioso como principio de sincretismo o armonización, es decir de hacer valer la tradición hispana en los nativos de México fue primordial dentro del proyecto de evangelización y educación religiosa en nuestros ancestros. Por parte de los evangelizadores, no fue tanto hacer coincidir fechas calendáricas, sino relacionar las actividades que festejaban los naturales con sus diversas tradiciones y con ello establecer un orden en las actividades que fueron programando. Lo demás, con el paso del tiempo, es la continuidad de una festividad que tuvo transformaciones diversas, pero que se siguen festejando en los días señalados.

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